Tuesday, July 14, 2026

 

DE INFLUENCIAS Y OTRAS VIVENCIAS - art. El Obrero digital

DE INFLUENCIAS Y OTRAS VIVENCIAS. No pasa día en que no salgan a la prensa todo tipo de actividades, en un “totum revolutum” de supuesto tráfico de influencias, por parte de alcaldes, diputados, consejeros y / o presidentes y expresidentes. En muchos de los artículos e incluso expedientes judiciales, se nota un gran desconocimiento de la realidad e incluso de la legalidad. Ahora mismo, se presupone actividad delictiva a cualquier reunión, promoción, impulso o actuación dirigida a resolver peticiones, propuestas o soluciones, a temas de la más variada índole. Parecería como si la actividad política hubiera dejado de ser legal, para pasar a la clandestinidad, o peor aún, a delictiva. Estamos ante un auténtico despropósito, en el que la Judicatura ha entrado como elefante en una cacharrería. Me explico. Si el uso de los cargos no puede servir en política, acabados estamos. Aprovecho en este momento de caos, confusión y acusaciones a diestro y siniestro, para confesar haber usado mi cargo de concejal de gobierno, a continuación el de alcalde, y durante muchos años, también diputado en el Parlamento de Cataluña, para influir, negociar, gestionar, promover, exigir e impulsar centenares, quizá miles de temas, asuntos, proyectos, soluciones y resoluciones, de todo tipo. Confieso haber hecho uso de mis influencias para conseguir plaza en residencias de mayores para treinta o cuarenta personas, también las usé para encontrar plaza para jóvenes con diferentes adicciones, o para encontrar plaza en escuelas especiales, o para encontrar trabajo, piso de alquiler, ayudas a la dependencia, a la rehabilitación de viviendas, a mejoras de todo tipo y un larguísimo etcétera. Y como diputado, fueron incontables las ocasiones para influir en reducción de tiempo de tramitación de licencias urbanísticas, medio ambientales, culturales, territoriales, a múltiples proyectos, en una larga lista de municipios, comarcas y provincias. También escalé contactos hasta llegar a Ministerios, en Madrid, para negociar y conseguir mejores condiciones a empresas mineras. Fue en estos quehaceres que conocí al entonces diputado nacional, Rodríguez Zapatero que se ocupaba y preocupaba por las cuotas de carbón que ofrecía el Ministerio a las provincias de Castilla- León y Asturias. Ambos, utilizábamos nuestros cargos, para influir en los repartos previstos, salvando unas empresas de la voracidad de otras. Podría alargar mi exposición del uso de las influencias en otros campos como la restauración de monumentos, o la implantación de nuevas industrias, o la atracción de actividades hacia municipios y comarcas concretas. En resumen, si el cargo de alcalde o de diputado no se hace servir para influir, en todo tipo de acciones y actividades, mejor se dediquen a plantar patatas o cuidar vacas. Produce sonrojo que ahora algunos representantes del PP, se exalten por reuniones y gestiones hechas ante múltiples organismos e intermediarios. Cuando la necesidad aprieta son lógicas las gestiones a múltiples bandas, con el fin de resolver el tema. Y nadie piense en grandes beneficios ni compensaciones por tanta dedicación. Se deja claro que estamos al servicio del municipio o del país, y si llega algún pequeño regalo, es más simbólico que costoso. Algún buen vino que iba a parar como regalo, a otros, (soy abstemio), o caja de puros (no fumo), o algún cuadro de artistas locales que cuelgan de alguna pared. La acción política se basa en actuar sobre el territorio donde ejercemos el cargo y sería inconcebible mirar lo qué pasa sin intervenir. El cargo abre múltiples puertas y permite numerosas gestiones, a las que no se puede imputar malas prácticas, sino se comprueba fehacientemente. Para cargos de partidos progresistas, nuestro trabajo va dirigido a la resolución de problemas sin esperar ningún otro beneficio que no sea el de salvar proyectos y situaciones individuales o colectivas. Solo la mala fe o la desconfianza en el beneficio colectivo pueden llevar a partidos como el PP, VOX y compañía, a creer que nada se hace sin conseguir beneficios personales. Seguramente es lo que ellos hacen, pero hay otros ideales y otras maneras de actuar. De aquí, la sorpresa por algunos ataques políticos, secundados por acciones judiciales. Ayudar a empresas en dificultades, es una de las prioridades, de todo político sensato, preocupado por los puestos de trabajo que estén en peligro. Nadie sospeche de beneficios personales si no se aportan pruebas sólidas y concretas. Lanzar sospechas o acusaciones, es la peor de las acciones, contra la actividad política.





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