Sunday, April 19, 2026
LA DESEADA Y NECESARIA REGULARIZACIÓN - art. El Obrero digital
LA DESEADA Y NECESARIA REGULARIZACIÓN.
Habría que exigir a políticos y medios de comunicación, estudiar, leer y sobre todo conocer los temas, antes de pontificar sobre alguno, especialmente sensible. Ahora y aquí, me refiero al decreto de regularización de migrantes, aprobado por el Gobierno Central. ¡Ya era hora! Buena decisión, en un buen momento.
¿Por qué lo digo? Porque han pasado ya muchos años de la anterior y porque no es de recibo tener cientos de miles de personas, en situación irregular. Que nadie se eche las manos a la cabeza, porque todos los presidentes han llevado a cabo regularizaciones semejantes, incluso bajo mando del PP, con J.M Aznar, a la cabeza. No se entiende que ahora Núñez Feijóo haga todo tipo de declaraciones y acusaciones, inventándose condiciones y situaciones que no aparecen por ninguna parte del decreto.
Hay que ser miserable, ignorante e inhumano tergiversar temas tan sensibles como los antecedentes penales, con los policiales, o tener o no, denuncias en curso, con sentencia o no. He escuchado declaraciones impensables en un cargo público, lanzando acusaciones o supuestas derivaciones negativas, de esta regularización.
Como profesor voluntario de Cruz Roja, en la comarca del Berguedà (Barcelona), han pasado por mis clases de catalán primero y de castellano, actualmente, unos mil seiscientos o mil setecientos migrantes, procedentes de veinte o treinta países del mundo. Puedo asegurar que no conozco a ninguno que haya delinquido ni tenga intención de hacerlo porque son personas a la búsqueda de trabajo para vivir y sobretodo poder mandar dinero a los componentes de la familia que han quedado en el país de origen.
Todos tienen claro que cualquier infracción o delito por pequeño que sea puede abrir un expediente policial y lo último que desean es echar a perder su regularización por una causa penal. Quiero recordar también que siempre, repito siempre, se ha pedido el certificado de penales, a todos los que han pedido regularizar su situación. Sea por la vía de petición de asilo político, caso de que lo puedan demostrar, sea por “arraigo social”, después de dos años de vida aquí (antes eran tres años).
Pues bien, el actual proceso de regularización se aplica a los que vivían en España antes del 1 de enero, y por un mínimo de cinco meses. No es cierto que actúe de efecto llamada, puesto que los que lleguen, a partir de ahora, tendrán que cumplir los requisitos vigentes. No se podrán acoger a este Decreto.
Pero, vayamos al núcleo del tema. Tenemos centenares de miles de migrantes en el país. Sin papeles, tienen que sobrevivir de cualquier manera, en cualquier sitio, sin los deberes y derechos que conlleva tener papeles. Grave situación para ellos, y clara pérdida de ingresos para todos. Cuando digo todos, me refiero a todos los españoles, por no poder ingresar impuestos que pagarán en cuanto estén regularizados.
Y es que la trayectoria de todos es la misma. Han venido por necesidad, como los españoles salimos hace 40 o 50 años. Yo mismo fui emigrante a Suiza, en unos tiempos en que tres millones de españoles estábamos desperdigados por medio mundo. Encontramos las mismas dificultades que tienen los que ahora llegan a nuestra casa común. Y si nos quejamos en su momento, es lógico no cometer los mismos errores que cometieron algunos países de Europa o América, con nosotros. Hay que ser más inteligentes y sobretodo más humanos y prácticos, facilitando su regularización y con ella su integración en nuestra sociedad. Salimos ganando todos.
Y puedo asegurar que no han venido para quitar el trabajo a nadie. Al contrario, están dispuestos a cubrir todo tipo de puestos, porque tienen urgencias que solucionar. La primera, su propia supervivencia, pero acto seguido, poder mandar a casa, un mínimo de recursos para ayudar a los que quedaron allí. Conozco a muchos que trabajan nueve o diez horas diarias, seis o siete días a la semana, para conseguir ochocientos o novecientos euros, de los cuales dos o trescientos enviarán a su familia. Son personas que comparten piso con otros cinco o seis, y gracias a alguna organización, pueden completar sus necesidades básicas, para seguir sobreviviendo, a la espera de la deseada regularización.
Quien quiera considerar peligrosas a estas personas, es un miserable. Y si en su ignorancia no quiere ver los puestos que ocupan que hable con alguna organización social. Se dará cuenta que el país, en su conjunto, no puede ni podrá funcionar sin ellos. Y sino que vaya a residencias para mayores, bares y restaurantes, explotaciones agrícolas y ganaderas, empresas de construcción, etc. Verá la realidad del país. Y es que si no la conoce, mejor no hable, no critique y opte por otra ocupación. La de político, le viene grande.