Tuesday, November 19, 2024

 

GOBERNAR NO ES PARA AFICIONADOS - art. El Obrero digital

GOBERNAR NO ES PARA AFICIONADOS. Sobrepasados los primeros 45 años de democracia, en todas las instituciones del Estado, queda claro que la acción de gobernar depende, en buena medida, de las capacidades de los que ocupan los principales puestos, en cada nivel de administración. Recuerdo muy bien mis inicios, allá por el mes de abril de 1979, como concejal recién elegido, en las primeras elecciones municipales, de la democracia recuperada. En aquel momento, todos éramos aficionados / voluntarios / novatos, en estas lides, pero en pocos meses supimos formarnos y prepararnos para acometer la mayor transformación, en todos los pueblos y ciudades, de España. Una transformación que ha seguido, hasta el día de hoy y que ha supuesto una auténtica revolución. Quien haga el ejercicio de cerrar los ojos y recuerde, cómo era su pueblo o su ciudad, 45 años atrás y la compara con la realidad actual, tendrá que reconocer que la transformación ha sido enorme, ya no sólo a nivel de infraestructuras y equipamientos, sino, sobre todo en servicios a todos los ciudadanos, a nivel individual o colectivo. Por razones históricas, se ha hablado más de las autonomías que de los ayuntamientos, pero los principales actores de la puesta al día del país, han sido éstos. Después, mucho después, podemos hablar de los gobiernos autonómicos, unos, más que otros. Pero, hecha esta introducción, ya no es momento de poner en puestos de responsabilidad a aficionados. Para los principales puestos, hay que ir a lo seguro, y buscar personas formadas y preparadas para asumir cargos relevantes. Es lo que ha hecho Salvador Illa, en Cataluña, a la hora de conformar gobierno. Ha buscado en ayuntamientos, diputaciones, organismos e instituciones, a sus cargos de primer, segundo o tercer nivel. Esto le ha permitido echar a andar sin tener que esperar a formar un equipo. Todos estaban acostumbrados al trabajo en equipo, es así como supera con nota, sus primeros cien días. Pero, el motivo del título del artículo, viene a cuento de todo lo visto y sucedido en la catástrofe de Valencia. Vaya por delante mi más sincero pésame a todas las familias, amigos y vecinos que han perdido a seres queridos. Ha sido, una de aquellas catástrofes para recordar de por vida, y al mismo tiempo esperar, al menos, haya servido para cambiar formas de prevenir y actuar, ante peligros evidentes. Y, tener en cuenta, que para ciertos cargos, no hay partido, ni amistades, ni parentelas que valgan para elegir a personas formadas y preparadas para actuar con diligencia y eficacia. Todos los que hemos estado en puestos de responsabilidad, decimos y repetimos que la “experiencia es un grado”, y la veteranía salva vidas y minimiza estragos. Lo sé, por experiencia propia. No, en materia de agua e inundaciones, pero sí, en materia de incendios. Todas las catástrofes son difíciles de gestionar y puedo asegurar que hacer frente a grandes incendios, es de lo más complicado. He tenido ocasión de actuar, en algunos, que han asolado miles de hectáreas en Cataluña, a lo largo de los últimos decenios. De aquellas primeras experiencias, nacieron las Agrupaciones de Defensa Forestal (ADF), en las que estamos encuadrados todos los municipios rurales. Pues bien, sólo con la acción y dedicación, durante años, muchos años, hemos conseguido tener equipos, vehículos, materiales , infraestructuras y servicios que hacen posible luchar, en condiciones razonables, al lado, y siempre, a las órdenes de los auténticos profesionales: los bomberos. Quiero decir con esto que de lo pasado, hay que extraer lecciones y sobretodo acciones muy claras y contundentes, para evitar su repetición. Cierto que lo sucedido ha sido realmente excepcional, pero puede repetirse, a no mucho tardar y queda claro que al frente de los dispositivos tiene que haber auténticos profesionales, o veteranos, capaces de actuar de forma automática y eficaz, conociendo su oficio, pero, al mismo tiempo, sabiendo las ayudas disponibles, para movilizarlas en cuanto haga falta. Queda claro que gobernar no es para aficionados.





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